domingo, 7 de julio de 2019

Con tus manos en mi cadera y lo tibio de tu suspiro al oído, mis sentidos se elevan y crean imágenes prohibidas entre ríos que dan la bienvenida a lo carnal.
La calidez de tus labios al cuello, bajando hasta la curvatura entre la madre y el hijo, con lo dulce de la lengua marcando el camino, son el suplicio donde nace y muere un gemido.

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