martes, 27 de noviembre de 2012

Cúmulo de reacciones,  químicas han de ser;
que aturden a mis sentidos
y los llevan al borde del abismo.
calidez que invade mi  piel, empezando por un beso al nacer,
el mundo se torna de rosa, al fuego del carmín.
y entre abrazos y besos se desbordan entre sí,
entre una pasión y un deseo,
entre un capricho y un amor.
Entre juego y juego se ha llegado al hecho
que ninguno de los dos olvida, 
que ninguno de los dos acepta
que ese día y esa noche, ambos se perdieron en el otro.
Y el cuerpo que vive de recuerdo, de lo grato que fue
al roce de la piel, al contacto con sus besos
se enciende otra vez...
entre danzas y estruendos se encienden los cuerpos, 
los límites no existen, ni el tiempo ni el espacio...
el más atrevido, sobrepasa a lo prohibido
y el otro responde sin tapujos por un tu embrujo.
Entre olores y sabores se pierde el camino del bien
y por instinto se corre por el camino del placer
se llena al rincón de los placeres absolutos
y la espera se hace eterna
pensar entregarse de nuevo al ser que se ofrece en aquel instante
sucumbiendo ante el poder de su veneno
o resistirse a él aun sabiendo que no hay antídoto seguro.
entre humedales conocidos
entre besos furtivos
sólo el eco de los cuerpos hace ruido.
pasión, desbordada, cuerpos perdidos
buscando consuelo y alivio
en rincones prohibidos...
Es el encuentro de dos mundos
de dos cuerpos desnudos...




Incapaz de permitir que el nacimiento de un sentimiento nuble mi caminar cansado ya; el agotamiento es ya intrínseco a mi ser, impávida ante los acontecimientos del ayer y sin esperar eco del hoy y la esperanza del mañana; nada tiene sentido porque ya todo es vacuidad. Pero... Si un beso nace no dejaré que muera porque sería un cruel homicidio y un suicidio a la vez...